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Hoy me gusta la vida mucho menos

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tánta vida y jamás!
¡Tántos años y siempre mis semanas!...
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla... Y repitiendo:
¡Tánta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tántos años y siempre, siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tánta vida y jamás! ¡Y tántos años,
y siempre, mucho siempre, siempre, siempre!


César Vallejo

Obertura


David Acosta



(A Belem: Musa)


La estratagema llueve,
Llanto cristalino, frágil,
La llama de un cáliz perdido,
Por extrañarte.



La suerte de ti,
La huida, la duda, la espera,
Sobre caminos adversos,
Licor de indolencia.



Vulgar, implosivo, lema de mí,
Fondo de dolor al venal expuesto,
Escrito sobre mis pupilas tú nombre,
Opus de un invierno abrazador.



Blanquizca la mirada del oscuro iris,
Perdida en la tuya, inmortal caverna.
Poesía de rostro y mil algias perdidas,
Sueños de mistela y mentiras.



Belem, fragua poética de mi soledad,
Única al escucha del hastío y mi relapso.
Testigo de un sinfín de cuentos y ficciones,
No me queda más que soñarte en lontananza.



Nubes y más nubes, la bruma de seda,
He perdido la cabeza escribiendo líneas,
Todo es un vestido ceñido a tu piel.



Pero ¿será tan cruel?



Las horas se alzan por dragones,
Las calles sin ti son calles,
Los días, Días,
Los segundos versos,



La poesía no es más que una falacia…



La niebla de mi letra se desvanece,
En mi mente te pierdo más rápido,
Te desconozco, o por lo menos lo intento,
Cuanto ha callado la tarde este deseo.



Los vapores de azufre en mi licor hieden,
Como una faz de cielo perturbado,
Una franela oscura de lunas y aguacero.
Luciérnagas y hadas, danzando por ti.



Este es mi corazón que calla cuando estas,
Te presento los cánones de mi alma,
Que a su amor infinito se resguarda,
Que parte a su amor sempiterno
Cual pálpito de la nada.



Tu nombre en retumbos de eco,
El sol te sigue, la noche te aguarda, piensas en él…



Y yo; solo muero de celos…

La indispensable dosis de poesía

And Wilt thou Leave me Thus?




Sir Thomas Wyatt






And wilt thou leave me thus?
Say nay, say nay, for shame,
To save thee from the blame
Of all my grief and grame;
And wilt thou leave me thus?
Say nay, say nay!



And wilt thou leave me thus,
That hath loved thee so long
In wealth and woe among?
And is thy heart so strong
As for to leave me thus?
Say nay, say nay!



And wilt thou leave me thus,
That hath given thee my heart
Never for to depart,
Nother for pain nor smart;
And wilt thou leave me thus?
Say nay, say nay!



And wilt thou leave me thus
And have no more pity
Of him that loveth thee?
Hélas, thy cruelty!
And wilt thou leave me thus?
Say nay, say nay!

La buena dosis de poesía


Volverán las oscuras golondirnas


Gustavo Adolfo Bécquer





Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y, otra vez, con el ala a sus cristales
jugando llamarán;
pero aquéllas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquéllas que aprendieron nuestros nombres...
ésas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar, 10
y otra vez a la tarde, aun más hermosas,
sus flores se abrirán;
pero aquéllas, cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;
pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate:
¡así no te querrán!

Pero sobre todo, no me hagas caso

A Emilia, en sus viajes por el mundo



Esta es una foto suya, tomada en San Telmo




Pero,
no te quedes allí
inmóvil
mirando en lontananza
trabando secretos con la mirada
tejiendo uñas de papel
en las que yo pueda escribir

Ven a verme
Ámame profano,
incontenible,
tal cual soy.

Invéntate con tu aliento
Tráete de regreso,
llévame contigo en lo profundo

Pero…
tan solo no te vayas
quédate soñando
trabando amores
y destrabando cajones
abriendo ventanas
si es que llega a’cer calor

Y sí…
Tal vez algún día
entristecido de mi,
el viento te trae
bésame ligera
sobre los labios,
acaríciame,
MÁS!
No te quedes!
No te hagas parte de mi:
sé noche febril
de despertar inquieto,
arrugado
atiborrado

PERO SOBRE TODO:
NO ME HAGAS CASO!
Sé libre,
Brilla,
Llueve,
Llora,
Ama y luego vete!
Viaja,
Vuela,
Sopla,
Llena el mundo
con tu risa eterna




Kenny

Ya era hora de poesía!


Al perderte yo a ti
Ernesto Cardenal
Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.

Opus de Luna

(A Karen)

De este libreto,

La arena solida de una noche circense,

Lontananza de un poeta:

¡El camino acabó!

Escribe.

Un faro de oscuridad retoza en la profundidad,

Como voz de instante, se pierde a la deriva.

Gavina ausente, migrante

Vienen ecos de ti por un lar pretérito,
Vocerío de acordes coronado a Bóreas,
El imperio de hadas al sonreír de los cantos,
La decadencia de los tiempos en apocalipsis.

Pero remembranzas se tejen

Cual canto gutural de un cementerio,
El chillido del viento golpeando epitafios,
Dos escritos de ti en el estrecho de vida y muerte,
Un tren de ánimas bufando un carruaje solitario.

¿Será porque me recordabas los laberintos?

Días de fines de guerra, pértigas, luz y sangre,
La perversión fantástica de un nuevo tiempo,
La corola de añil que asoma al resplandor del sol,
La franela de nubes blancas que te extrañan.

Mas ¿Qué soy para escribirte?...

Un desnudo juglar muriendo en versos perdidos,
Prosaico conjuro de la palabra poética y réquiem,
Demoníaco asesino, escritor de las cadenas.
La nada del cuerpo pútrido y restos en talle.

Y tú;

El capullo de la luna que se abre mística a la tarde,
El paso ardiente de una apócrifa candelilla estelar,
Un Alhelí de Náyade sobre el agua sal y veneno,
Perfecta alegoría para un sutil recuerdo.

Pero te extraño,

Faroles de cerrazón se agolpan a mis ojos,
Antonomasia furtiva de tu rostro a vorágine,
El acopien perfecto de la rabia y la lejanía.
Flautas de vendaval en claustro por adioses.

Todo me habla de ti,

Quizá porque me recuerdas los laberintos…

Y me quedo callado, taciturno;

Como quien espera en el desierto el regreso de las olas,
La espuma efímera que se disipa en el alma,
El cuervo que al mirar mata de un soplo, o el buitre,
La bruma que al campanario envuelve y canta.

Pero dejo hablar al espejismo:

El viento del norte que lleva mi voz a tu lado,
Aquel rimbombante estallido de letras,
Que al susurrarte ciñe, para doblar campanas
Que a la necesidad de tu leyenda…

Que por péndulo cardíaco,

Doblan por mí…

Será porque eres mi laberinto.

David

Una buena dosis de poesía

Una Carroña

Charles Baudelaire


Recuerda lo que vimos, alma mía,

esa mañana de verano tan dulce:

a la vuelta de un sendero una carroña infame

en un lecho sembrado de guijarros,


con las piernas al aire, como una mujer lúbrica,

ardiente y sudando los venenos

abría de un modo negligente y cínico

su vientre lleno de exhalaciones.


El sol brillaba sobre esta podredumbre,

como para cocerla en su punto,

y devolver ciento por uno a la gran Naturaleza

todo lo que en su momento había unido;


y el cielo miraba el espléndido esqueleto

como flor que se abre.

Tan fuerte era el hedor que tú, en la hierba

creíste desmayarte.


Zumbaban las moscas sobre este vientre pútrido

del cual salían negros batallones

de larvas que manaban como un líquido espeso

por aquellos vivientes andrajos.


Todo aquello descendía y subía como una ola,

o se lanzaba chispeante

se hubiera dicho que el cuerpo, hinchado por un aliento vago,

vivía y se multiplicaba.


Y este mundo producía una música extraña

como el agua que corre y el viento

o el grano que un ahechador con movimiento rítmico

agita y voltea con su criba.


Las formas se borraban y no eran más que un sueño,

un esbozo tardo en aparecer

en la tela olvidada, y que el artista acaba

sólo de memoria.


Detrás de las rocas una perra inquieta

nos miraba con ojos enfadados,

espiando el momento de recuperar en el esqueleto

el trozo que había soltado.


Y, sin embargo, tú serás igual que esta basura,

que esta horrible infección,

¡estrella de mis ojos, sol de mi naturaleza,

tú, mi ángel y mi pasión!


¡Sí! tal tú serás, oh reina de las gracias,

después de los últimos sacramentos,

cuando vayas, bajo la hierba y las fértiles florescencias,

a enmohecer entre las osamentas.


Entonces, oh belleza mía, di a los gusanos

que te comerán a besos,

¡que he guardado la forma y la esencia divina

De mis amores descompuestos!

Una por decapitado

(A mi primer gran amor)
A María Fernanda


Se oscurece el día, se oscurece,
Se pierde tras los tiempos que no vendrán jamás,
Tras la mirada bajo el parpado de nubes,
Tras el telón noctámbulo de Hipnos.

Se fueron los deleites más sublimes,
El sol sobre nuestro lecho,
Se fueron los multicolores destellos,
De una lluvia leviatán.

Se fueron los acordes de un amor,
Tras el suave palpitar de un adiós
Y un te amo.

Se oscurece mi risa,
Mi clamor de infierno gutural,
El aurea de mis versos y esperanzas,
La tarde que reclama mi atención.

Se oscurece tu recuerdo,
En mi letra que se niega a escribir,
A decir el temor que tengo de ir al mundo,
Decir nada, silenciar mi dolor por ti.

Se oscurece mi vida, se rompe…
Acordes apocalípticos resuenan para despedirte,
Estrambóticos truenos de vela,
Una barcaza recordando el camino de odisea.

El relámpago que corta el aire hasta calcinar,
El fuego de sol que arranca en clave,
La estrella polar que fragua tu vos que se apaga
Como el más intimo recuerdo, sin ti.


David Acosta

La nunca bien ponderada Dosis de Poesía

No te salves

Mario Benedetti




No te quedes inmóvil

al borde del camino

no congeles el júbilo

no quieras con desgana

no te salves ahora

ni nunca


No te salves

no te llenes de calma

no reserves del mundo

sólo un rincón tranquilo

no dejes caer lo párpados

pesados como juicios

no te quedes sin labios

no te duermas sin sueño

no te pienses sin sangre

no te juzgues sin tiempo


Pero si

pese a todo no puedes evitarlo

y congelas el jubilo

y quieres con desgana

y te salvas ahora

y te llenas de calma

y reservas del mundo

sólo un rincón tranquilo

y dejas caer los párpados

pesados como juicios

y te secas sin labios

y te duermes sin sueño

y te piensas sin sangre

y te juzgas sin tiempo

y te quedas inmóvil

al borde del camino

y te salvas

entonces

no te quedes conmigo

Otra dosis de poesía


Espantapájaros (Fragmento)

Oliverio Girondo


No sé me importa un pito que las mujeres

tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;

un cutis de durazno o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero,

al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco

o con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de soportarles

una nariz que sacaría el primer premio

en una exposición de zanahorias;

¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,

bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

La mujer que no sepa volar

¡Pierde el tiempo al tratar de seducirme

Una dosis de poesía semanal (cada vez que nos acordamos)


Un loco


Antonio Machado


Es una tarde mustia y desabrida

de un otoño sin frutos, en la tierra

estéril y raída

donde la sombra de un centauro yerra.

Por un camino en la árida llanura,

entre álamos marchitos,

a solas con su sombra y su locura

va el loco, hablando a gritos.

Lejos se ven sombríos estepares,

colinas con malezas y cambrones,

y ruinas de viejos encinares,

coronando los agrios serrijones.

El loco vocifera

a solas con su sombra y su quimera.

Es horrible y grotesca su figura;

flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,

ojos de calentura

iluminan su rostro demacrado.

Huye de la ciudad... Pobres maldades,

misérrimas virtudes y quehaceres

de chulos aburridos, y ruindades

de ociosos mercaderes.

Por los campos de Dios el loco avanza.

Tras la tierra esquelética y sequiza?

rojo de herrumbre y pardo de ceniza?

hay un sueño de lirio en lontananza.

Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!

¡carne triste y espíritu villano!

No fue por una trágica amargura

esta alma errante desgajada y rota;

purga un pecado ajeno: la cordura,

la terrible cordura del idiota.

Una Dosis de Poesía (A los años)

No me des tregua

Julio Cortázar




No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre,
que cada cosa cruel sea tú que vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil,
no seas caricia ni guante;
tálame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.
Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.

Mimetizado


David Acosta

Permanecí absorto a la troncha mirada,
Enclaustrado en el mundo de los finales.
Te miré con odio de lo alto, pues te amaba,
Pero tú jamás viste a mi roído mi corazón…

¿Qué podía hacer allí en el terror,
En el frío pedregal de mis entrañas,
Entre los soldados del inestable tiempo,
Donde yo habito como un peón…?

¿Qué culpa tenía yo de ser piedra?
Quien me fabricó no pensó que podría amarte.
Quien me hizo no supo que tú nacerías,
Ni que yo, inmóvil, podría encontrarte…

Permanecía absorto al gélido espasmo de tu mirada,
Y en ella sin tener latidos de vida… preferí morir.
Te miré con ira al no saber preguntarte quién eres,
Tú, la mujer que amo y con la que jamás podré huir…

¿Quién podría amar a una gárgola?

Quisiera que fuera lunes

Si pudiera elegir un día para amarte, sería el lunes.

Porque me encarnara en viento para besarte

enloquecido por tu cintura y muerto por tu boca

Atrapado en tus ojos, encerrado en tu pecho;

sería viento arremolinado en el silencio

Si pudiera elegir un día para amarte, sería un lunes.

Porque el lunes en verano, el Sur sopla hacia el Panecillo

empujando al viento a esconderse en el olvido.

Enredándome en tu negro cabello y amándote por siempre

enmudeciendo al día cuando te mi miro desde el cielo

¡Dios! Si pudiera tenerte quisiera que fuera el lunes,

porque de a poquito se me escapa la vida.

Frustrado como de escritor miro pasar los días;

enclaustrado en tu inspiración me escapo de ves en cuando

tal cual una cometa, alojada en el cielo para cuidarte como el viento



simplemente dieggo.

Una Dosis de Poesía Con Periodicidad Incierta

Lucrecia Maldonado es una narradora y poetisa ecuatoriana. En 2007 obtuvo el Premio Internacional de Literatura Juvenil Libresa por la colección de cuentos Bip-Bip.


Lo Imposible

Lucrecia Maldonado


tutearnos
porque para qué

declararnos
porque cómo

hacer planes
porque cuándo

encontrarnos los cuerpos
porque dónde

separarnos las almas
porque nunca

querernos como todos
porque quiénes

dejarnos de querer
porque ni modo

Una dosis de poesía Semanal

Así es Señoras y Señores, Damas y Caballeros; porque la vida está cara, porque el clima es muy frío o muy caliente o simplemente agradable, porque la fila para pagar los servicios básicos es muy larga, porque el tráfico de la ciudad está atascado, porque el trabajo no va bien o porque va muy bien, porque estás enamorado o porque rompieron tu corazón, porque la universidad no deja tiempo para otra cosa o porque todo tiene un ritmo ligero, por lo que sea; a todos nos hace falta una dosis de poesía semanal.


Esta semana es el turno de Mario Benedetti; poeta, novelista, ensayista, dramaturgo y cantautor uruguayo nacido en 1920, conocido por novelas como "La tregua" y "Gracias por el fuego" con numerosos premios literarios, con más de ochenta libros publicados y traducidos a más de 20 idiomas, obligado a vivir en el exilio después del golpe de estado del 73 y recientemente fallecido en mayo de 2009 tras regresar a Uruguay en el 83.






Te quiero


Mario Benedetti




Tus manos son mi caricia


mis acordes cotidianos


te quiero porque tus manos


trabajan por la justicia




si te quiero es porque sos


mi amor mi cómplice y todo


y en la calle codo a codo


somos mucho más que dos




tus ojos son mi conjuro


contra la mala jornada


te quiero por tu mirada


que mira y siembra futuro




tu boca que es tuya y mía


tu boca no se equivoca


te quiero porque tu boca


sabe gritar rebeldía




si te quiero es porque sos


mi amor mi cómplice y todo


y en la calle codo a codo


somos mucho más que dos




y por tu rostro sincero


y tu paso vagabundo


y tu llanto por el mundo


porque sos pueblo te quiero




y porque amor no es aureola


ni cándida moraleja


y porque somos pareja


que sabe que no está sola




te quiero en mi paraíso


es decir que en mi país


la gente viva feliz


aunque no tenga permiso




si te quiero es porque sos


mi amor mi cómplice y todo


y en la calle codo a codo


somos mucho más que dos.


Mórbida Mujer

Sobre las cobijas se nombran subversivos poéticos a tu piel…

Las coplas se embadurnan de recuerdos póstumos.

Íngrimo de la desidia tu faz… se reconoce la muerte…

No puedo mirar lo ridículo de la creación

Y río al intentar darte un soplo de vida…

Te miro aun absorto, porque ya no estás entre ánimas,

Ni eres tú mi natural consorte…

Tus labios amoratados se duermen...

El silencio rechina en tus huesos laxos…

Acaricio tu pecho, tu cintura, tu brazo caído en la esquina…

Beso tu boca, tus senos impenetrables, tu vacilación…

Intuyo a la lengua lugares por donde perdió sangre…

Beso tu vientre pútrido, por donde nacerá el Sepulcro…

Restablezco de la nada en las ruinas…

Me pierdo en los laberintos de tu risa…

Imprudentemente recorro tu pubis,

Retrato en mi mente el desenfreno…

Regreso a tus viles rostros disfrazados,

Y tus ojos angélicos me miran…

Sólo me queda cerrarlos en homenaje a su telón…

Lloro luego de tenerte para siempre mía,

Pues no pude contener el deseo…

No pude detener el tren que fragua la existencia,

Rompiendo los ramos de exquisita expiración,

Enamorando inefablemente a tu muerte…

Un mar de ideas afloran corrupto a los designios de mi locura…

Me permití perder en la noche ida tu corazón…

Pero dejo mi simiente en tu inerte cuerpo…

Algún día mi heredera de amores,

Cuando incinerada del sol te pierdas,

Que de tu vientre renacerá la descomposición…

Y de ella, mortales de miasma…

Una rosa banal de invierno crecerá…

Una rosa que lamentará ser de muerta…

Así algún día mi amada de mil adioses…

Volverás a la tierra envuelta en belleza…

Con amor a tu final… ¡Adiós!



David Acosta.

¿Qué es NienPintura?


Un grupo literario, casi nuevo, del Ecuador.